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Número:50 | Fecha: Julio-Agosto 2006
 




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Recordando a Octavio Paz

Después de dos guerras, la del futbol y la electoral

 

 
Ramiro Dante González Quiroz

“A todos en algún momento, se nos ha revelado nuestra existencia como algo particular, intransferible y precioso. Casi siempre esta revelación se sitúa en la adolescencia. Entre el mundo y nosotros se abre una impalpable, transparente muralla: la de nuestra conciencia. El adolescente se asombra de ser. Y al pasmo sucede la reflexión. La singularidad del ser —pura sensación en el niño— se transforma en problema y pregunta, en conciencia interrogante”.

 

Con esta frase comienza Octavio Paz su obra “El Laberinto de la Soledad”, misma que en algún otro desbastado, el de la voz relacionó con los misterios de la transformación de la conciencia del hombre en el proceso de iniciación, tanto en el ritual mismo como en los primeros pasos perdidos al terminar éste.

 

Pero ahora, con motivo de los acontecimientos que se han suscitando y acontecerán en el ámbito social y particularmente a nivel nacional; profundizaré sobre dicha obra en el presente trabajo, tratando de entender la forma de ser del mexicano o lo que también podría denominarse la sicología de masas, mas particularmente: “la psique de los pueblos” con base en los hechos históricos que forman el carácter de determinadas conciencias nacionales.

 

Respecto de la adolescencia de la conciencia, Paz continúa diciendo: “a los pueblos en trance de crecimiento les ocurre algo parecido. Su ser se manifiesta como interrogación: ¿Qué somos y cómo realizaremos eso que somos?, muchas veces las respuestas que damos a estas preguntas son desmentidas por la historia, acaso porque eso que llaman el ‘genio de los pueblos’ sólo es un complejo de reacciones ante un estímulo dado; frente a circunstancias diversas, las respuestas pueden variar y con ellas el carácter nacional, que se pretendía inmutable... es reveladora la insistencia con que en ciertos periodos, los pueblos se vuelven sobre sí mismos y se interrogan. Despertar a la historia significa adquirir conciencia de nuestra singularidad, momento de reposo reflexivo antes de entregarnos al hacer”.

 

“Cuando soñamos que soñamos está próximo el despertar”, dice Novalis. No importa, pues, que las respuestas que demos a nuestras preguntas sean corregidas por el tiempo.

 

Ese despertar de la conciencia de los pueblos se realiza, pues, analizando su historia. En particular México ha tenido eventos históricos que marcaron el carácter de su pueblo, carácter que ha sido difícil dilucidar para alcanzar ese despertar. Desde la conquista de México y en general de las comunidades prehispánicas se ha moldeado la forma de ser de su colectividad, Octavio Paz asume como un trauma del mexicano el hecho mismo de ese evento histórico: la conquista significó una violación de la cultura peninsular a las culturas precolombinas, el primer trauma nacional lo constituye el hecho de ser un pueblo producto de una madre violada, abusada y sumisa.

 

De ahí la frase típica del mexicano: “hijo de la chingada”, es decir, el producto de una relación sexual forzada, no deseada; situación que implicó el sometimiento político, económico, cultural y religioso de las culturas americanas al conquistador español, resultado de un abuso, de una violación.

 

Paz analiza la diferencia de la frase antes citada con el insulto típico de los españoles que dice “hijo de puta”, la diferencia consiste en que el hijo de puta es producto de una relación sexual que, aunque promiscua, es admitida por la madre, una mujer que por propia voluntad se entrega y que no es forzada, en contraposición con la madre del “hijo de la chingada”, el que es producto de una mujer violada. Ese es el mexicano, o mejor dicho: inconscientemente así se siente el mexicano, el mestizo, el indígena, el hijo no deseado.

 

Posteriormente, los hijos pródigos de los conquistadores, es decir: los criollos, planean y llevan a cabo el movimiento de independencia, mismo que culmina con el acuerdo de otros criollos, hijos pródigos también, que aún combatían al lado de sus padres, los realistas.

 

Estoy hablando de Vicente Guerrero y de Agustín de Iturbide, quienes el 21 de septiembre de 1821 mediante el famoso “Abrazo de Acatempan”, consumaron la Independencia de México, siguiendo a este evento una serie de disputas por el control de una nación recién constituida, de un neófito que adquiría su autonomía como el hijo que sale de casa de sus padres para vivir su propia vida. Ante tales disputas, la nación se hizo vulnerable y alrededor corrían muchos peligros.

 

Uno de esos peligros se cristalizó en la intervención de los Estados Unidos y en la mutilación de más de la mitad del territorio mexicano en el año de 1847. Ese suceso histórico, después de la conquista, en opinión del de la voz, es el que más ha dejado profundas heridas que todavía no han podido cicatrizar en la conciencia colectiva y la psique nacional.

 

Es de destacar que este hecho no lo resalta Octavio Paz en su obra como suceso traumático para el país, por el contrario: le atribuye “una reacción saludable, pues hirió de muerte al caudillismo militar encarnado en el dictador Santa Anna”.

 

No obstante lo anterior, el sentimiento denominado “odio” que la mayoría de los mexicanos le tienen al vecino país del norte, se hace patente en cualquier conversación que se entable sobre el particular y lo podemos ver reflejado hasta en la sufrida derrota que tuvo la selección mexicana de futbol ante el representativo de ese país y que los eliminó en el torneo mundial de ese deporte en el 2002.

 

Por muy trivial que parezca, el sentimiento de frustración se advirtió los días posteriores en los encabezados de los periódicos, las crónicas deportivas y las conversaciones que sobre ese tema se tenían con los aficionados: esa eliminación “dolió” más que las sufridas en los otros campeonatos similares.

 

La denominación despectiva “gringo” proviene precisamente de la guerra de 1847, ya que la palabra fue acuñada de la frase en el idioma inglés: “green go”, o dicho en español: “verdes váyanse”, y hasta la fecha es la palabra utilizada por los mexicanos para referirse a los aludidos vecinos. Ese suceso es como el de aquel niño que es abusado por sus compañeros de escuela. El trauma colectivo se arraigó en los genes y así se ha transmitido por generaciones.

 

Sobre La Reforma de los liberales hecha manifiesta en la Constitución Federal de 1857 Octavio Paz dice: La Reforma consuma la Independencia … y le otorga las bases mismas de la sociedad mexicana y de los supuestos históricos y filosóficos en que se apoyaba. Ese examen concluye en una triple negación: la de la herencia española, la del pasado indígena y la del catolicismo —que conciliaba a las dos primeras en una afirmación superior—.

 

Una vez restaurada la República por Benito Juárez, después de tantas convulsiones, de un parto doloroso y una infancia llena de maltrato, confusión y traiciones; la anarquía política se convierte en una dictadura que comenzó precisamente con Juárez, a quien su muerte lo salvó de convertirse ante la historia en el caudillo que se aferra al poder, dictadura que continúa con Porfirio Díaz, quien hizo avanzar al país a saltos agigantados en materia económica, pero lo hizo estancarse en el aspecto social y político.

 

Ese estancamiento de lo social, es decir, de la miseria en que se encontraban la mayoría de los mexicanos aunque existía crecimiento económico, fue lo que hizo estallar la Revolución de 1910, que Octavio Paz califica como el hecho que “irrumpe en nuestra historia como una verdadera revelación de nuestro ser”.

 

El mexicano se vuelca sobre sí mismo y aflora su espíritu agresivo y festivo a la vez, es lo que podríamos asimilar en la psicología personal como “ser uno mismo”, dado que a diferencia de la Independencia inspirada en las ideas de Ilustración de la Revolución Francesa y la Independencia de los Estado Unidos, la Revolución no tuvo influencias del extranjero, fue la consecuencia del hambre y la represión en que se encontraba sumergido el país.

 

Al respecto, Paz dice: la incapacidad de la inteligencia mexicana para formular en un sistema coherente las confusas aspiraciones populares se hizo patente apenas la Revolución dejó de ser un hecho instintivo y se convirtió en un régimen.

 

Para culminar y a reserva de abundar en desbastados posteriores sobre el periodo revolucionario y posrevolucionario, sólo cabe mencionar que a partir de 1982 el neoliberalismo se apoderó de la base ideológica para el manejo de la economía, idea implantada por los Estados Unidos (y que por cierto ellos no aplican para sí mismos), el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional e instrumentada en México por los llamados tecnócrata.

 

Sobre este particular Paz dice: “la tecnocracia hace un gobierno muy eficiente, pero sin rumbo”, es decir: la economía podrá funcionar muy bien pero si no hay distribución de la riqueza y continúa el hambre de la mayoría de los mexicanos, eso no sirve de nada, situación que por cierto el pasado dos de julio se decidió entre dos distintos proyectos de nación.

 

 

Año 5 Num. 50 Fecha de publicación: Jul-Ago de 2006

 


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