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Algo más que palabras
De la educación preescolar a la educación infantil
La educación es una permanente tarea inacabada (Exposición de Motivos de la Ley General de Educación de 1970)
Si la educación os parece cara, probad con la ignorancia
Cuando en el año 1990 la Ley de Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) estableció la educación infantil como una etapa educativa que atiende a niñas y niños desde su nacimiento hasta los seis años de edad, muchos investigadores y teóricos españoles de la educación temprana se congratularon con el cambio.
La Ley General de Educación de 1970 (LGE) dividía a la que denominaba como educación preescolar en “dos etapas, que se desarrollarán: a) En el Jardín de la Infancia, para niños de dos y tres años, la formación, aunque estará originada sistemáticamente, tendrá un carácter semejante a la vida del hogar. b) En la Escuela de párvulos para niños de cuatro y cinco años, la formación tenderá a promover las virtualidades del niño”. La LGE, que tanto aportó al desarrollo de la educación española, se había quedado corta para las necesidades de la España de la última década del siglo XX. Además de concebir la educación de los niños de dos y tres años como una formación asistencial “semejante a la vida del hogar”, dejaba fuera del sistema educativo a los niños y niñas de menos de dos años. La masiva incorporación de las mujeres al mundo laboral en los años setenta y ochenta, hizo surgir una gran cantidad de establecimientos privados, denominados guarderías, en los que, literalmente, y salvo honrosas excepciones, se guardaba a los niños en locales inadecuados y masificados, atendidos por personal poco cualificado y sin ningún planteamiento educativo científico y sistemático.
La LOGSE de 1990 se proponía reconvertir profundamente estos establecimientos y abría la posibilidad de que la administración educativa asumiese como responsabilidad propia la creación de centros educativos para los más pequeños. Así fue, en gran medida. La escolarización de los niños y niñas de cuatro y cinco años alcanzó al 100% de la población. La tasa neta de escolaridad de niños y niñas de tres años pasó de un 45.6% en el curso escolar 1992/93 a un 94.6% en el año escolar 2002/03. Entre los más pequeños, la progresión fue más lenta, pero también importante. De no existir ningún centro de primer ciclo de educación infantil, se ha pasado a contar con 2,513 centros de primer ciclo en el año escolar 2005/06. El 15.06% de los niños de cero a dos años están ya escolarizados en centros autorizados para impartir este ciclo educativo.
La demanda de educación temprana, sin embargo, siguió y sigue siendo muy superior a la oferta. Pese a las previsiones de la LOGSE, muchas de las antiguas “guarderías” continuaron funcionando, mantenidas por una demanda creciente, y renuentes a adaptarse a las elevadas exigencias de la nueva ley. Por otra parte, las administraciones educativas centraron su acción en completar el segundo ciclo de la educación infantil, en el que todavía subsistían necesidades insatisfechas, posponiendo para más adelante la oferta educativa para los más pequeños.
La Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) de 2002 trató de adaptarse a esta realidad y, a juicio de muchos especialistas, dio un paso atrás. Dividió de nuevo la educación de los niños en dos etapas: una totalmente educativa, la educación infantil de tres a seis años, y otra “educativa-asistencial” de cero a tres años, para la que recuperó la vieja denominación de educación preescolar utilizada por la LGE de 1970. Se buscaba “aligerar” los requisitos mínimos de los centros para esta etapa preescolar y des-responsabilizar a las administraciones educativas de la atención a los niños de la primera infancia. Por otra parte, la LOCE declaró como gratuita, aunque voluntaria, a la educación infantil, abriendo la posibilidad de conciertos educativos con centros privados para esta etapa.
El Gobierno de José Luís Zapatero, contrario desde la oposición a muchos de los contenidos de la LOCE, prepara ahora una nueva ley, la Ley Orgánica de Educación (LOE), que sitúa de nuevo la educación de los niños y niñas menores de tres años dentro del sistema educativo. Según predica la exposición de motivos de la Ley: “la educación infantil [concebida como una etapa única] está organizada en dos ciclos que responden ambos a una intencionalidad educativa, no necesariamente escolar, y que obliga a los centros a contar desde el primer ciclo con una propuesta pedagógica específica”. El proyecto mantiene la gratuidad para el segundo ciclo de la etapa e insta de nuevo a las administraciones públicas a atender la demanda en el primer ciclo, estableciendo en su artículo 15 que: “Las administraciones públicas promoverán un incremento progresivo de la oferta de plazas públicas en el primer ciclo. Asimismo coordinarán las políticas de cooperación entre ellas y con otras entidades para asegurar la oferta educativa en este ciclo”. La ley parece reorientarse hacia el deseo expresado por muchos: un sistema educativo de calidad debe asumir el compromiso de elevar el nivel de formación de todo el alumnado, sea cual sea su origen social o procedencia y su situación de partida, sin segregar a nadie ni limitar sus posibilidades futuras. Más educación y mejor educación para todos: éste es el camino a seguir.
La apuesta es difícil y costosa, pero necesaria, porque como decía una pancarta en una manifestación de maestros en París: “Si la educación os parece cara, probad con la ignorancia”.
Variación en el número de alumnos escolarizados entre el año escolar 2004/05 y el 2005/06
La cifra prevista de alumnos que comienzan el curso escolar 2005-2006 es de 8.420.476, lo que significa un aumento de 23.272 alumnos (+0,3%) respecto al curso anterior. De acuerdo con estas cifras, continúa el ritmo ligeramente creciente del alumnado del sistema educativo que se inició en el curso 2003-2004, tras quince años de sucesivos descensos de la escolarización derivados de la reducción de la natalidad. (Gráfica 1)
Esta nueva situación se debe, fundamentalmente, a la incorporación en los últimos años de población extranjera y a que el aumento de los nacimientos que se produce a partir del año 1999 ya comienza a afectar a las etapas iniciales del sistema educativo. Estos factores compensan, en cierta medida, los descensos de la población de las edades de 16 a 24 años.
La Educación no universitaria crece 44.088 alumnos respecto al curso 2004-05. Este incremento obedece, principalmente, al considerable aumento de niños que se prevé para la Educación Infantil, ya que el resto de niveles muestran solamente ligeras variaciones al alza o a la baja del alumnado.
El crecimiento previsto del alumnado en Educación Infantil es de 55.217 niños: 38.443 (+3,1%) en el Segundo Ciclo, 3-5 años, y 16.774 (+8,5%) en el Primer Ciclo, 0-2 años. Ello se debe a varias razones: el aumento de la natalidad correspondiente al grupo de edad 3-5 años; el efecto estimado de incorporación de alumnado procedente del extranjero y una mayor escolarización por parte de las Administraciones educativas para los niños de Primer ciclo.
En las etapas de la escolaridad obligatoria, y desde el curso 2002-2003, la reducción demográfica de las generaciones correspondientes viene siendo neutralizada por la incorporación de alumnado extranjero. Esto ha repercutido en una estabilización del volumen de la Educación Primaria en torno a los 2.500.000 alumnos, experimentando en los últimos cursos variaciones poco significativas al alza o a la baja en función del montante de alumnado extranjero que se incorpora anualmente. Para el curso 2005-2006 se ha previsto un aumento de 12.051 alumnos (+0,5%) en Educación Primaria, bajo la hipótesis de una incorporación de 20.000 alumnos procedentes del extranjero.
Fecha de publicación: Diciembre de 2005 |